Amor a la sabiduría es el significado más antiguo, ya que todo aquel que se dedicaba a adquirir conocimientos teóricos, técnicos o científicos era considerado un filósofo. Con el paso del tiempo cada rama del saber fue formándose como ciencia independiente, definiéndose a la filosofía como el estudio del conjunto de concepciones sobre los principios y las causas del ser, de las cosas, del universo y del hombre.
El conjunto de ideas que dieron origen a la filosofía del Taekwon-Do, ubican al hombre como un ser perfectible capaz de cambiar su propia realidad y transformar el mundo. Lamentablemente en los últimos años ha habido un resurgimiento de la violencia y pérdida de la moral en todos los niveles de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. Hay por supuesto, muchas razones para esto. Algunos psicólogos piensan que este problema está ocasionado por la frustración.
Otros analistas señalan que esta gente es un desilusionado segmento de la sociedad buscando sus propios valores en lo que ellos consideran un materialista y absurdo mundo de guerra, racismo y decadencia.
Desafortunadamente, equivocan la forma de expresarse, en vez de canalizar constructivamente su extraordinaria energía y potencial, destruyen en lugar de construir, o simplemente le escapan a la realidad aislándose con drogas en su propio mundo de fantasía. En el presente, la tendencia “del más fuerte presionando al más débil”, parece estar en todos lados.
El presente mundo refleja una era “corrupta”, donde la violencia va en aumento de manera alarmante. Esto no es simplemente ocasionado por los problemas para sobrevivir, sino también por una civilización excesivamente materialista. Obvio sería decir que un cambio de mentalidad en el hombre sería la solución.
El estudio del arte del Taekwon-Do implica un modo de pensar. La gente se forma con un elevado sentido moral. Y el aspecto moral está decididamente unido al Taekwon-Do desde su creación. Esta gente viene a buscar un camino, a moldear su extraordinaria energía, todo su potencial y buscan hacerlo en un sentido diferente al que parece estar encaminada gran parte de la humanidad. Aquí, hay energía canalizada en forma positiva ya que el entrenamiento mejora las reacciones conscientes y subconscientes del alumno.
Los ejercicios dan flexibilidad, gracia, equilibrio y coordinación. Los fundamentales enseñan la metodología para adquirir precisión, potencia, habilidad, para aprender a defendernos. La lucha nos enseña a ser humildes porque siempre descubrimos personas que son técnicamente mejores o inferiores que uno. También adquirimos coraje, aprendemos a estar alertas y controlarnos. La constante repetición de los movimientos nos enseña a ser pacientes. El tremendo poder generado por nuestro cuerpo nos da confianza, sabemos que podemos enfrentarnos a cualquier oponente, en cualquier lugar y situación.
El Taekwon-Do también es reconocido como un arte que ayuda a resolver los problemas emocionales, mejora considerablemente el sentimiento del propio poder y la autoestima.
Un instructor preparado abordará una visión filosófica del arte profundizando en el estudio del “DO” para trasmitirlo y llevar a sus alumnos por el camino de encontrarse con ellos mismos. Transmitiendo valores que hacen más grande al hombre como tal, capaz de cambiar su propia realidad y transformar al mundo en que vivimos.
El General Choi Hong Hi estableció los siguientes principios filosóficos como piedra angular del Taekwon-Do. Deben ser observados por todos los estudiantes serios de esta arte en su vida.
1- Tener voluntad de progresar, aunque sea difícil avanzar, y hacer lo que vale la pena, cualquiera sean las dificultades.
2- Ser gentil con el débil y duro con el fuerte.
3- Contentarse con su posición económica pero nunca creer que ha llegado al límite del desarrollo de su destreza.
4- Siempre acabar lo que se ha empezado.
5- Ser un profesor que está a disposición de todos sin tener en cuenta la religión, la raza o ideología de sus alumnos.
6- Nunca ceder a la represión o a las amenazas cuando se está en persecución de una noble causa.
7- Enseñar la actitud y la habilidad con actos, no con palabras.
8- Siempre ser uno mismo en cualquier circunstancia, aunque estas cambien.
9- Ser el profesor eterno quien enseña con su cuerpo cuando es joven, con sus palabras cuando es viejo y con sus preceptos morales aún después de su muerte.
